Ya con 38 años y en Inter Miami, Lionel Messi afronta la recta final de su carrera y falta cada vez menos para ese momento que todos sabemos que llegará pero nadie quiere asumirlo. En ese sentido, el número 10 de la selección argentina aseguró que atraviesa un presente en el que disfruta «mucho más las cosas» que en etapas anteriores de su trayectoria.
«Uno naturaliza todo y en el camino lo va llevando, haciendo. No te vas dando cuenta de muchas cosas. Incluso, no disfrutás de lo que merece cada cosa. Hay muchas cosas que, por ahí, no le das bola. Eras campeón y al siguiente partido ‘hay que ganar la que viene’. No le das valor real a lo que tiene cada logro», sostuvo Leo en diálogo con el podcast Miro de Atrás con Nahuel Guzmán, excompañero en la Albiceleste.
Una nueva forma de vivir el fútbol
La reflexión de Messi tiene que ver con cómo cambió su perspectiva sobre el fútbol y la vida con el paso de los años. Durante décadas vivió bajo una exigencia extrema, siempre persiguiendo el próximo título sin detenerse a valorar lo conseguido.
«Le vas dando valor mucho más a las cosas, vas disfrutando de otra manera. Hoy las concentraciones las disfrutás, los viajes… Le vas dando valor a lo que vas consiguiendo o conseguiste. Por ahí me pongo a hablar con mi hijo de las cosas que pasaron», siguió el capitán de la Celeste y Blanca, dejando en claro que hoy por hoy no tiene la exigencia que supo tener en años anteriores y que se permite pasar más tiempo con su familia.
Esa nueva etapa en Miami le permitió a Messi encontrar un equilibrio entre el alto rendimiento deportivo y la vida personal. Puede dedicarle más tiempo a Antonela y a sus tres hijos, algo que durante sus años en Barcelona o PSG era prácticamente imposible por la vorágine de partidos, viajes y competencias.
La perspectiva de sus hijos
Una de las reflexiones más sinceras de Messi tuvo que ver con cómo sus propios hijos, Thiago, Mateo y Ciro, perciben todo lo que logró su padre a lo largo de su carrera.
«Mis hijos vivieron de lo que se acuerdan para adelante. Lo que viví e hice, a ellos les chupa un huevo, ja. Lo saben, lo tienen presente. Imaginate, no le daba valor yo, imagínate ellos… Hoy disfruto mucho más todo», reflexionó con humor y sinceridad.
Para los chicos Messi, ver a su padre levantar la Copa del Mundo o ganar ocho Balones de Oro es algo natural, parte de su cotidianidad. No dimensionan la magnitud histórica de esos logros porque crecieron viéndolo como el mejor del mundo, sin conocer otra realidad.
El privilegio de Miami
Lo cierto es que Messi encara el ocaso de su carrera en una ciudad y en un equipo que le permiten vivir lo que muchas veces no pudo por estar comprometido con obtener logros y añadir trofeos a su vitrina personal.
En Inter Miami, la exigencia es menor que en Barcelona o PSG. Puede jugar con más libertad, sin la presión constante de tener que ganar todo. La MLS es una liga competitiva pero menos demandante físicamente que las europeas, lo que le permite cuidar su cuerpo y llegar en mejores condiciones a los compromisos con la selección argentina.
Además, Miami le ofrece una calidad de vida excepcional para su familia. El clima, la tranquilidad relativa comparada con Barcelona o París, y la posibilidad de hacer una vida más normal son factores que pesan en esta nueva etapa de Messi.
El Mundial 2026 como último desafío
A pesar de esta nueva filosofía de disfrutar más y exigirse menos, Messi todavía tiene un objetivo pendiente: el Mundial 2026. El rosarino aún no confirmó oficialmente su presencia, pero ha expresado en varias ocasiones su deseo de estar.
Si finalmente dice que sí, será su sexto y último Mundial. Una oportunidad única de defender el título conseguido en Qatar 2022 y cerrar su carrera con la selección de la mejor manera posible: siendo bicampeón del mundo.
Para llegar en condiciones, Messi sabe que debe cuidarse más que nunca. Su etapa en Miami le permite dosificar esfuerzos, rotar partidos cuando sea necesario y llegar fresco a los compromisos con Argentina. Esa gestión inteligente de su físico será clave para que pueda rendir al máximo nivel en junio.
El legado del mejor de la historia
Las reflexiones de Messi demuestran una madurez y una paz interior que no siempre tuvo durante su carrera. Durante años cargó con la presión de tener que demostrar constantemente que era el mejor, de ganar todos los títulos posibles, de responder a las críticas.
Ahora, con todo ganado y nada que demostrar, puede permitirse disfrutar. Puede jugar por placer, concentrarse pensando en su familia, valorar cada momento con la camiseta argentina sin la ansiedad de tener que conquistar algo pendiente.
Ese Messi más relajado, más feliz, más consciente de lo vivido, es el que enfrentará su último gran desafío en el Mundial 2026. Un Messi que ya no juega para demostrar nada a nadie, sino para disfrutar de lo que más ama: jugar al fútbol con la camiseta de su país.
La conversación con Nahuel Guzmán dejó en evidencia a un Messi humano, reflexivo, consciente de que el final está cerca pero también agradecido por todo lo vivido. Un jugador que pasó de la obsesión por ganar a la filosofía de disfrutar, sin perder la competitividad pero sí la ansiedad que lo acompañó durante décadas.
Para los hinchas argentinos, saber que Messi está en paz consigo mismo y disfrutando de esta etapa es reconfortante. Significa que, llegue hasta donde llegue en el Mundial 2026, el capitán lo hará feliz, sin presiones, simplemente dejando que el juego fluya como solo él sabe hacerlo.
