Ni los casi 36 años que pasaron logran aún cesar los comentarios sobre el incidente del agua contaminada que la selección argentina indujo a beber a jugadores de Brasil durante el cruce de octavos de final del Mundial Italia 1990. Quien volvió sobre el tema fue nada menos que Branco, la principal víctima de la pesada trampa, en diálogo con La Gazzetta dello Sport. Y dejó en claro que para él la herida no cierra.
«(Diego) Maradona lo confesó todo 15 años después. Lo denuncié al final del partido y nadie me creyó, pero lo que más me indigna es que si me hubieran sorteado para el control antidoping, ¡habría quedado como un drogado! En el campo, me sentía borracho, me giraba todo, me giraba el estadio Delle Alpi entero», expresó el exlateral izquierdo brasileño con evidente molestia.
Los síntomas que sufrió
Branco relató con detalle las sensaciones que experimentó durante aquel partido que Argentina ganó 1-0 con gol de Claudio Caniggia, en uno de los encuentros más recordados de la historia de los enfrentamientos entre ambas selecciones.
«Sentía resaca, como cuando te pasás con el alcohol y te tumbás en la cama. Dos meses después, jugamos un amistoso y (Oscar) Ruggeri me lo contó todo. Es un mal ejemplo: (Carlos) Bilardo, su entrenador, hacía estas cosas incluso con jugadores de sus propios clubes que no quería hacer jugar», contraatacó el brasileño.
El lateral contó que Ruggeri, exdefensor argentino campeón del mundo en 1986, le confirmó la maniobra en un encuentro amistoso posterior entre ambas selecciones. Esa confesión terminó de convencerlo de que sus sospechas eran ciertas.
La confesión de Maradona
Desde que Diego Maradona reveló en el recordado programa Mar de Fondo que eran ciertas las sospechas sobre la presencia de un fármaco en las botellas que les convidaron a los brasileños en los parates del encuentro, la controversia no paró de crecer.
Según trascendió, las botellas contenían Rohypnol, un potente somnífero que habría sido administrado a los jugadores brasileños para disminuir su rendimiento físico. La sustancia, conocida popularmente como «la droga de la violación», tiene efectos sedantes muy potentes.
Maradona reconoció años después que el episodio fue real, aunque lo hizo con cierto tono jocoso que enfureció aún más a los brasileños. El Diez argentino nunca mostró arrepentimiento por la maniobra y la defendió como parte de la «viveza criolla» característica del fútbol argentino de aquella época.
La ambigüedad de Bilardo
Carlos Bilardo, el entrenador de aquella selección argentina subcampeona del mundo en Italia 90, nunca negó ni confirmó rotundamente el episodio. Sus declaraciones siempre fueron ambiguas, con medias sonrisas y respuestas evasivas que alimentaron aún más la polémica.
El Doctor, conocido por su obsesión con los detalles y por utilizar cualquier recurso para obtener ventajas deportivas, nunca se despegó completamente del escándalo. Su silencio y sus respuestas enigmáticas fueron interpretadas como una confirmación velada de que el episodio efectivamente ocurrió.
Un episodio que no cierra
La bronca de Branco es comprensible. El lateral brasileño vivió una de las peores experiencias de su carrera deportiva en aquel partido, sintiéndose mal físicamente sin poder explicarse la razón. Además, corrió el riesgo de dar positivo en un eventual control antidoping, lo que habría manchado su reputación para siempre.
«Lo que más me indigna es que si me hubieran sorteado para el control antidoping, ¡habría quedado como un drogado!», insistió el exjugador, evidenciando que el paso del tiempo no calmó su enojo por lo sucedido.
El episodio forma parte del folclore del fútbol sudamericano y de la histórica rivalidad entre Argentina y Brasil. Sin embargo, también representa uno de los momentos más oscuros y cuestionables de la historia del fútbol argentino, donde se cruzó la delgada línea entre la astucia y la trampa.
La rivalidad continúa
A pesar de los años transcurridos, la rivalidad entre Argentina y Brasil sigue intacta. Ambas selecciones se enfrentarán en las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial 2030, y cada vez que se cruzan, episodios como el del bidón de Italia 90 vuelven a la superficie.
Para los brasileños, aquel partido representa una de las derrotas más dolorosas de su historia, no solo por el resultado sino por las circunstancias en que se produjo. Para muchos argentinos, en cambio, es simplemente parte de la «picardía» futbolística que caracterizó a equipos como el de Bilardo.
Lo cierto es que, casi 36 años después, Branco sigue sin poder superar lo ocurrido. Su testimonio en La Gazzetta dello Sport demuestra que algunas heridas futbolísticas nunca cicatrizan, especialmente cuando están relacionadas con maniobras que cruzan los límites de lo ético y deportivo.
