Al igual que en la víspera de Qatar 2022, edición en la que abrazó la gloria eterna y se bordó la tercera estrella en el escudo, la selección argentina tendrá una prueba de carácter antes de disputar el Mundial 2026: la Finalissima contra España, el próximo 27 de marzo en el Lusail que tan buenos recuerdos le trae. Habrá un título en juego, pero también algo más profundo: la posibilidad de empezar a dibujar, con trazo grueso, la lista definitiva rumbo a Estados Unidos.
Lionel Messi al margen, el cuerpo técnico de Lionel Scaloni tiene a varios nombres subrayados en su libreta que irán en busca del bicampeonato. Referentes en todas las líneas que forman parte de la columna vertebral y conocen de memoria lo que implica jugar cuando la camiseta pesa y la pelota quema.
El arco blindado
Si se mira hacia atrás, hay un punto de partida ineludible: Emiliano Martínez. El Dibu es una pieza indiscutida, el dueño del arco y de los nervios de la Scaloneta. También lo es en Aston Villa, la revelación de la Premier League, hoy tercero y en zona de Champions, apenas a siete puntos del líder Arsenal.
Su mentalidad de acero, su especialización en penales y su capacidad para transmitir seguridad al equipo lo convierten en titular inamovible. A sus 33 años, Martínez llega al Mundial 2026 en su mejor momento, incluso mejor que en Qatar según Martín Tocalli, preparador de arqueros de la AFA.
La defensa de hierro
La defensa casi que sale de memoria. Por su espalda cada vez más ancha, su marca agresiva y su liderazgo, Cristian Cuti Romero tiene su lugar asegurado en la Copa del Mundo, más allá del momento irregular de Tottenham. En la Finalissima, además, tendrá una misión especial: cerrar los caminos de Lamine Yamal, la joya más filosa de la Roja.
Quien ya demostró cómo neutralizarlo días atrás fue Nahuel Molina, otro con pasaje en mano para viajar a tierras norteamericanas. El lateral derecho, titular para Diego Simeone en Atlético de Madrid y también para Scaloni, no le dio un centímetro de ventaja al extremo español en la goleada 4-0 por Copa del Rey y hasta lo hizo entrar en cortocircuito con insultos incluidos.
Mismo camino corre Nicolás Tagliafico, quien a pesar de estar hoy lesionado por un esguince de tobillo, siempre cumple con regularidad absoluta. Su récord de disponibilidad es impresionante: desde la última Copa América jugó 85 partidos y solo se perdió 9 por lesión.
Lisandro y Otamendi, la dupla central
De inmejorable actualidad en Manchester United tras superar su grave lesión de rodilla, Lisandro Martínez gana cada vez más terreno en la Selección y posiblemente peleará por un lugar en la zaga con Nicolás Otamendi, cuya actualidad en Benfica no es la mejor, aunque su liderazgo y experiencia siguen siendo argumentos de peso para meterse en la nómina.
Otamendi llegará al Mundial con 38 años, pero su jerarquía, carácter y capacidad de mando lo mantienen como una opción válida para Scaloni. La dupla central titular parece ser Romero-Martínez, con Otamendi como alternativa de lujo desde el banco.
Algo similar sucede con Marcos Acuña y Gonzalo Montiel, hombres de finales y títulos, hoy atravesados por el bajón colectivo de River. El primero corre más de atrás que el segundo, dado su bajo nivel en el fútbol argentino que pone en duda su convocatoria.
El mediocampo de jerarquía
En el mediocampo, el corazón de Argentina late con nombres propios: Enzo Fernández, artífice del gran pasar de Chelsea, es una fija, al igual que Alexis Mac Allister del Liverpool, Leandro Paredes de Boca y Rodrigo De Paul, por más que se haya alejado de las luces del fútbol europeo y hoy tiene paredes con Messi en Inter Miami.
Este cuarteto conforma el núcleo duro del mediocampo argentino. Fernández aporta conducción y llegada, Mac Allister brinda equilibrio y despliegue, Paredes suma experiencia y visión de juego, mientras que De Paul es el pulmón incansable del equipo.
Las dudas aparecen con Giovani Lo Celso y Nicolás González, habituales convocados que arrastran lesiones importantes. Todavía es temprano para bajarlos del barco, pero sus estados físicos preocupan en silencio al cuerpo técnico. Si no llegan en condiciones, otros ocuparán sus lugares.
El tridente de ataque
Y en el frente de ataque, la base se mantiene firme: Julián Álvarez y Lautaro Martínez seguirán escoltando a Leo. Si bien acaba de sufrir un desgarro en el gemelo mientras competía con Inter en la Champions League, la lesión de Lautaro Martínez no es de gravedad. Hará hasta lo imposible para estar en la Finalissima y tomarse revancha personal en la próxima cita máxima, tras el tobillo traicionero de Qatar que lo limitó en la final.
La Araña, por su parte, sigue acumulando confianza y goles en el Atlético de Madrid, mientras que el capitán Messi ya empezó a ponerse a tono en Inter Miami para su último baile mundialista.
El tridente ofensivo argentino combina experiencia, jerarquía y hambre de gloria. Messi es el líder indiscutido, Lautaro aporta gol y sacrificio, mientras que Julián suma juventud, movilidad y capacidad de asociación. Ese trío será la principal arma ofensiva argentina en busca del bicampeonato.
La Finalissima como ensayo general
La Finalissima será entonces mucho más que un partido. Será un espejo anticipado del futuro: una noche para medir fuerzas contra el campeón de Europa, ajustar detalles y confirmar que, pese al paso del tiempo, la Selección sigue teniendo, además de memoria, carácter y ambición de campeón, una base sólida.
Ese partido del 27 de marzo en Qatar permitirá a Scaloni ver en acción a sus referentes, probar variantes tácticas y terminar de definir quiénes ocuparán los últimos lugares de la lista de 26 convocados para el Mundial.
La columna vertebral está clara: Dibu Martínez en el arco; Molina, Romero, Martínez (o Otamendi) y Tagliafico en defensa; Enzo Fernández, Mac Allister, Paredes y De Paul en el mediocampo; Messi, Lautaro y Julián Álvarez en ataque. Alrededor de esos nombres se completará el resto del plantel.
Con esa base de soldados de mil batallas, Argentina enfrentará el desafío de defender la corona mundial y escribir un nuevo capítulo glorioso en su historia. La Finalissima será el primer paso de ese camino que culminará en junio, cuando comience el Mundial 2026 en suelo estadounidense.
